A la deriva
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- Categoría: Nuestro Campo
- Publicado el Lunes, 28 Noviembre 2011 02:02
Más allá de los gustos, de las ideas, de los personajes y de lo que en realidad se rescata y se idealiza – y en esto hay mucha tarea que el tiempo se encarga de exagerar- quiero rescatar una frase de un personaje, que tiene mucho que ver con los ideales de numerosos latinoamericanos

debo reconocerlo , no es mi caso -, pero si dejó una frase que por estos días deberían recordar muchos dirigentes, políticos y gremiales: “podrán morir las personas, pero jamás sus ideas”, cuya autoría es ni más ni menos que del Che Guevara. Y si bien, insisto, no es mi personaje favorito, creo que tuvo el mérito de creer en algo, de estar convencido y de luchar por ello, es lo que realmente rescato del Che. Y asistimos a momentos donde en realidad, son pocos, no los que luchan -porque aquí no se trata de ello- , pero si al menos de los que defienden y sobre todo, no venden sus ideales.
Según el diccionario, ideal significa todo aquello propio o relacionado a la idea y en general, las convicciones y creencias que ostenta un individuo, en definitiva, se considera a la idea como un principio. Y al escuchar el final de la definición, vemos quizás adonde empieza el problema: principios, algo que para muchos ha dejado de ser un pilar de vida. A esto, cuando además se le agrega una representación de un grupo de personas, ciudadanos, productores o del ámbito que se les ocurra, debería enaltecerse, ya que quien está sentado en una mesa de debate o de opinión, en definitiva está representando las ideas, principios e ideales de otras personas, por lo cual, no debería cambiarse o por lo menos, resignarse por que si nomás. Es bueno aquí citar otra frase, para darle sentido a la explicación: “lo cortés, no quita lo valiente”: por eso, en este juego de poder, de inteligencia, de supervivencia al cual, han sido sometidos, remarco, sometidos, los productores agropecuarios y sus dirigentes, no se debería dejar nunca de lado, la valentia de expresar los ideales y los principios, que a pesar de las perversas propuestas de mercado -que el gobierno ha traido como “supuesta” solución a los problemas del trigo por ejemplo-, esos ideales, deberían siempre referirse al final de dichos acuerdos. Es decir, en pocas palabras, podemos resignarnos a aceptar –ya que es difícil cuando no imposible discutir ideas a la hora de armados de propuestas con este gobierno- pero nunca, dejar de denunciar a los cuatro vientos, cuales son los ideales y principios de mercado que pretende el sector al cual se representa. Y hablo de todos, cooperativas, Bolsas, molinos, exportadores, etc. Aquí, uno por uno, parece ir resignando y apoyando mociones, jamás comprendiendo que lo que tanto predican –eso de que en realidad el sector agropecuario es una cadena-, bueno, a esa cadena, hay que honrarla con hechos, no con un simple y bonito “foro” de discusión.
Hoy el sector está a la deriva, al igual que en el cuento de don Horacio Quiroga, un cuento que habla de un hombre picado por un víbora, que tras el avance del veneno, comienza a sentir un leve bienestar creyendo repentinamente, que todo estaba bien, hasta que un momento deja de respirar.
Ojalá que la realidad no se parezca al cuento, ojalá que sigamos teniendo dirigentes, que a pesar de tener que someterse a los acuerdos, sigan creyendo y sobre todo, sigan dejando sentado en cuanto papel que deban firmar, que los principios no se venden, que para los ideales, los porcentajes no existen. No podemos permitir toda la vida, que los productores mantengan a molinos, exportadores, estado , corredores, cámaras, bolsas, acopiadores, camioneros, consumidores – y aquí me incluyo -, etc, etc, etc sin defender justamente, al que inicia la cadena, el productor. Yo me pregunto, todos en realidad, son privados, por lo cual, el estado deberia ser el primer defensor del productor, cuando la realidad nos marca, que el estado, lo tiene al final de la cadena.
Ojo, ya paso con la carne, aquí no van a desaparecer 12 millones de cabezas, pero no vaya a ocurrir un día, que nadie siembre trigo y ese supuesto bienestar causado por el veneno, nos deje al borde de la muerte de un mercado.
Carlos Bodanza
Mañanas de Campo






